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Amo a los que me aman.

Estas palabras las encontramos en el acta de fundación del 18 de octubre de 1914: "Ego diligentes me diligo. Amo a los que me aman." cuando el Padre Kentenich pone los deseos de la Santísima Virgen en boca del santo Arcángel san Miguel.

Cuando he intentado entenderlas usando las razones del mundo me encuentro con una contradicción. ¿Es ése un amor perfecto? ¿Es que la Virgen sólo ama a los que le aman? ¿No nos pidió Dios amar a nuestros enemigos? ¿Sólo consigo las gracias de María por el resultado de mis obras? Pensando en esta dirección caigo por el filo del abismo de la herejía a la que nos lleva el puro egoísmo de los hombres y su pensar mecanicista, pues habitualmente como nosotros pensamos es así. Sólo damos nuestros favores a quien se los gana y no siempre, según nuestro capricho. Lo que conseguimos es llevar nuestras limitaciones humanas a un amor más perfecto que el amor de ningún hombre, el amor de la madre que eligió Dios para si.

Entonces ¿cual es la explicación de la contradicción? Lo primero que he aprendido es que Dios no se explica, se siente. Tendría entonces que hablar del regalo del amor que derrama sobre nosotros la Madre de Dios. Amor gratuito sin límites que se nos da estando despiertos o dormidos, trabajando o descansando, alegre o derrumbado. Amor que se nos da por pura bondad de Dios pues nada hacemos para merecerlo ni nada podríamos hacer para exigir una sola migaja de su amor.

Una de las advocaciones de la Madre de Dios es la de Trono de Sabiduría. Muchos de los textos del libro de la Sabiduría se pueden aplicar a María. Escuchad: "Radiante e inmarcesible es (María) la sabiduría; se deja ver sin dificultad por los que la aman y hallar por los que la buscan. Se adelanta para manifestarse a los que la anhelan. Quien madrugue para buscarla no se fatigará, pues la encontrara sentada a sus puertas. Meditar sobre ella es prudencia consumada, y el que por ella se desvela pronto estará libre de inquietud. Pues ella misma busca a los que son dignos de ella y por los caminos se les muestra benignamente, saliendo al encuentro de todos sus pensamientos."

¿Cómo puede María hacernos entender lo que es el amor de Dios? ¿Cómo puede transformar nuestro corazón para que ame con amor de Dios? Sólo lo puede hacer en movimiento, sólo mientras estamos amando puede transformar nuestro amor en un amor más perfecto adelantándonos un paso, saliéndonos al encuentro de nuestros pensamientos, sólo ejercitando el amor entenderemos cómo es el amor de Dios. Cuanto más amamos más grande se hace nuestro corazón, más blando, más fértil, por eso cuando damos un paso de amor, María se adelanta y nos encontramos con el suyo. Anhelarla adelanta sus manifestaciones de amor. Ella necesita que levantemos el pie para dar el paso para que ella nos lo ponga en lugar seguro.


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María desde el Santuario regala gracias de transformación. El alfarero para modelar la vasija necesita que esté girando el barro para poder conformarlo. Sin esfuerzo hace de un trozo de barro una vasija útil a sus propósitos. El barro necesita moverse para poder ser transformado. Luego el calor del horno lo deja conformado para siempre, ese calor es la gracia del cobijamiento, el sentirse amado por el mismo Dios. Por eso María es el camino más corto, más sencillo, más seguro.

 

El alfarero para modelar la vasija necesita que esté girando el barro para poder conformarla. Sin esfuerzo hace de un trozo de barro una vasija útil a sus propósitos. El barro necesita moverse para poder ser transformado.



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Hay otras transformaciones más dolorosas, cuando nuestro corazón es duro como un marmol, éstas son transformaciones estáticas, donde hace falta un gran quebranto interior para poder ser transformado. Este caso es como el del escultor que va transformando el duro marmol a base de martillazos. El bloque de marmol ya esbozado dice: "Me parece que ya basta de ser martilleado, raspado, cincelado. Soy bastante hermoso y doy la idea del escultor" Pero el escultor no lo ve así, y golpea, y cincela aún hasta que la obra es perfecta. Así hace el Señor com las almas, y cuantos más proyectos especiales tiene sobre un alma tanto más la trabaja.
Pobre alma, ciertas heridas son necesarias y entran en el trabajo que un alma debe padecer para formarse en la forma que el Artífice divino le quiere dar.

 

Hay otras transformaciones más dolorosas, cuando nuestro corazón es duro como una piedra, éstas son transformaciones estáticas, donde hace falta un gran quebranto interior para poder ser transformado



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Ese movimiento que iniciamos nosotros hacia ella y hacia los hermanos es el que usa María a nuestro favor. Ese amor hacia ella, demostrándolo en nuestra vida diaria, en esos pequeños sacrificios que hacemos por amor, en ofrecerle a ella nuestras alegrías como obra suya no como éxitos propios, María los usa para nuestra transformación. Ella es la primera que usa con nosotros la pedagogía del movimiento. Necesita de nuestro anhelo para amar más y mejor, para poder manifestar su poder y su bondad en nosotros, por eso dice: "Amo a los que me aman" pro no olvidar que el barro amasado con finas manos y suaves moviemintos necesita del calor del horno para endurecerse y ser útil.


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Nada sin tí, nada sin nosotros / María Corredentora

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