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Nada sin tí, nada sin nosotros

Jesús le dijo: "¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios."

Y San Pablo: "Pues bien sé yo que nada bueno habita en mí, es decir, en mi carne; en efecto, querer el bien lo tengo a mi alcance, mas no el realizarlo, puesto que no hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero."

La virtud no es algo inherente al hombre, no pertenece a su patrimonio genético ni forma parte de sus características personales. La virtud es un bien, y "todo bien procede del Señor". Esta es la enseñanza más importante: reconocer que la existencia del hombre es nada ante la presencia de Dios. „Hiciste mis días de unos palmos y mi vida nada es ante ti; mero soplo es todo hombre que se yergue". Pero todas estas dignidades y " maravillas sin número " el hombre las recibe de Dios como una gracia, gratuitamente, sin tener en cuenta para nada el merecimiento propio; pues, si así no fuera, ya no sería gracia. (Nada sin Ti)

El alma podría compararse a un campo de cultivo donde Dios ha sembrado la semilla de todas las virtudes. En este campo hay sol, luz, agua y una tierra fecunda, que el Señor abona con su gracia. Más, para que esta tierra de copiosos frutos, necesita ser labrada con gran esmero. Después de este esforzado trabajo, la semilla crecerá exuberante, pero la labor del hombre no habrá terminado, porque ningún agricultor, por más haragán que sea, deja la plantación a merced de su destino, pues " Las bestias del campo " acabarán destruyéndola. (Nada sin nosotros)

Como ves, la tierra es buena; sin embargo, para que crezca la semilla, necesita ciertos cuidados; sin esfuerzo, sin constancia y sin paciencia no hay sementera, y la tierra más fértil se torna en yermo, y " el Jardín de Delicias, en desolación ". (Nada sin nosotros)

El amor viene de Dios al hombre, es un don para todos, como lo es el sol, el agua y el aire. El hombre, sin un acto reflejo de su voluntad, nace amando; nadie enseña a la pequeña criatura como ha de amar a aquellos que le han dado la vida, y, sin embargo, ella ama porqué que es reflejo radiante de amor de Dios. " Quien ama ha nacido de Dios, porque Dios es amor. En esto está la grandeza del amor humano: no en que el hombre haya amado a Dios, sino en que Dios nos amó primero ", porque el amor procede de Dios y prende en sus divinos efluvios al hombre. Cuando el hombre se ve envuelto en esa atmósfera cálida y apacible del amor, busca de sus delicias y bebe en la fuente de todas las ternuras y, con alma enamorada, dice: " Lléveme en pos de ti: ¡Corramos! El Rey me ha introducido en su cámara " y " me ha descubierto los secretos " de su corazón; " con Él exultaré y me alegraré. Evocaré sus amores " eternamente.

El alma, como ese espejo de cristal limpio y pulido, refleja la luz radiante del amor de Dios, pero al igual que el espejo, no participa ni de la naturaleza de la luz, ni del Ser que refleja. Somos hijos de Dios y herederos del Reino por la Sangre derramada por el Cordero, no por nuestros méritos ni por los esfuerzos de pulir el cristal, aún siendo esto bien necesario.

Entonces ¿por qué vamos preocupándonos tanto de recibir honores los unos de los otros y no nos interesamos por el verdadero honor, que viene del Dios único?

¿Por qué vamos contando nuestros méritos para obtener las gracias? Pues si así fuera ya no sería gracia.

El significado de nada sin nosotros está en que Dios necesita de nosotros purificados, espejos pulido y limpios, campos arados, regados y cultivados. En resumen Dios necesita de nuestro corazón amando para poder ser instrumentos útiles.
La importancia de un rosario no está en su número sino en que lo hicimos por amor, por la unidad de la familia, porque se haga la voluntad de Dios. Con corazones unidos y en amor fraterno Dios puede regalarnos un Santuario.

El corazón de Cristo es como un horno encendido que a la cera ablanda y al barro lo endurece. El hombre humilde es como cera moldeable que se derrite y consume en la presencia de Dios. En cambio, el hombre soberbio " se rebela contra toda autoridad y, por tanto, rechaza a aquel que lo creo ". Se vuelve arrogante y orgulloso y, como barro expuesto al sol, se reseca y endurece. Y de tal forma es su dureza de corazón y su sequedad de espíritu, que " cierran sus ojos y tapa sus oídos para no oír la voz de Dios "

Por tanto, no hay tiempo para el desánimo ni para lamentarse y; no hay tiempo para cobardía ni para el silencio; no queda tiempo para la discordia ni para la vana palabrería, y mucho menos para la crítica. Porque éstos son tiempos de Gracia, donde el amor y la misericordia de Dios se manifiestan de forma sorprendentes. También son tiempo de confusión y de caos; pero contra esos planes maléficos tendréis que luchar con gran fuerza y espíritu animoso.

Os recordaré las palabras entrañables de Jesús antes de partir a la casa del padre. "En esto reconocerá el mundo que sois mis discípulos, en que os améis los unos a los otros como yo os amo"

Y por último os recuerdo el precepto del amor, "de modo que todos vean y sepan, adviertan y consideren" que el fundamento de toda santidad está en "amar a Dios sobre todas las cosas": "lo amarás con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas". Y si amas a Dios, amarás también a tu prójimo.

Alabado sea nuestro Señor Jesucristo.






 


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La Madre Tres Veces Admirable / Amo a los que me aman.

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