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José Engling

¡Un héroe nos indica el camino!

José Engling nace en Prositten, hoy territorio polaco, a finales del siglo XIX. Su persona es un símbolo de la fidelidad a los ideales de Schönstatt, especialmente su amor a María, su vinculación al Santuario, su ímpetu apostólico y su obediencia filial al Padre. Fue el primero en vislumbrar la trascendencia del Santuario para el cumplimiento de la misión de Schönstatt. El Santuario era para él una palabra que se había acostumbrado a decir. Cada vez que la pronunciaba dejaba traslucir el respeto y la profunda devoción que le vinculaba a ese lugar.

Su desarrollo interior tiene conexión directa con él. En este lugar tomó sus decisiones más importante. El sencillo convencimiento de que la Santísima Virgen había tomado posesión de ese lugar el 18 de Octubre de1914, le hacía girar siempre en torno a él. Cuanto más se vinculaba a la Mater, tanto más atractivo era para él el pequeño Santuario. Un poder irresistible le arrastraba hacia allí seis y siete veces al día.

Detengámonos un momento a pensar: Sus anhelos de entrega, su lucha diaria hecha amor real y la „suave violencia“ que habrán ejercido sus manifestaciones de amor sobre el corazón de la Mater
¿No habrán determinado la grandeza y la profundidad de los cimientos sobre los que se alza la Obra de Schönstatt?
¿No participo yo de las Gracias de su vida de santidad? „¡Yo me santifico por ellos!“ „¡Él también se santificó por mí!“

Para los sacristanes del Santuario – dos compañeros de José – era un trabajo de honor hacer la limpieza del Santuario a fondo los sábados por la tarde para que luciera el domingo. Por ese motivo no nos asombra su indignación cuando veían aparecer a José que venía a rezar al santuario antes de que hubieran terminado su tarea …

- Engling, ¡espera – el suelo tiene que estar bien seco!
- Tengo los zapatos limpios … ¡están muy limpios.!
- No importa, igual se marcarán las pisadas. Vuelve más tarde.
- ¿Y si entro de puntillas y me comprometo a volver a repasar el pasillo yo mismo otra vez? ¿Me dejaríais entrar?

Decía esto en un tono tan simpático e ingenuo que finalmente conseguía el permiso deseado. Es más la fuerza de repetirse esta situación, poco a poco comenzaron a sentir alegría cuando le veían.. sin duda la seria vida de oración, la sincera aspiración a la santidad – no sin caídas – es el mejor medio de convicción y de apostolado frente a los demás.

Sin embargo, aún habiendo vivido estos episodios, fue en el frente donde José descubrió el valor de Santuario en toda su profundidad. En cada momento lo tenía presente y experimentaba a la vez mayor cobijamiento, sobre todo en las jornadas más peligrosas. De José podemos aprender la importancia, el sentido y la influencia que realizan en el alma las peregrinaciones espirituales diarias al Santuario.

¿Quién puede, sabiendo lo que para él significada el Santuario – intuir la profundidad de aquella última visita a la Mater durante su permiso de julio de 1918? Había dejado su fusil en la puerta, junto con su mochila de soldado. Fue ese un momento muy profundo en su vida. Las experiencias de los últimos seis meses habían hecho de él otro hombre. En Verdún y en Flandes su amor a la Virgen había madurado hasta el punto de consagrarle formalmente su vida y su muerte. Quizá en esos instantes hayan desfilado por su mente los peligros vividos en el campo de batalla, los sacrificios, los fracasos, pero también el amor maternal con el que su Madrecita lo había protegido… Sin duda, su prolongada oración habrá sido un saludo lleno de cariño y gratitud.

En una especie de cuadro, forrado de terciopelo, lucían en el Santuario las condecoraciones que los congregantes obtenían durante la guerra. Allí también estaba la suya, recordándole que toda su vida estaba consagrada a su Reina. La miró y se despidió de la capillita del Santuario. Era el 30 de julio.

El Padre le acompañó durante parte del camino por el que abandonara Schönstatt. Se estrecharon las manos con afecto profundo, pero sin debilidad. Una mirada limpia, que recogía el contenido de tres años de Alianza de Amor en los que José había descubierto que además de las fuentes sobrenaturales de gracia, el Padre era para él un camino de Santidad, su camino de santidad. Quién conoce más a fondo a José reconoce en sus escritos, que la palabra „él“ refiriéndose al Padre revelaba una relación muy profunda. „¡A través de „él“ quiero hacerme santo!“. Sin „él“, José sencillamente no hubiese llegado a ser lo que fue. Todo esto encerraba esta última mirada, que fue una despedida hasta la eternidad. José miró la tierra que amaba, era la última vez que la contemplaría en la tierra.

Desde esta placa que quiere recoger el profundo contenido de ese momento, nuestro Padre y Fundador nos dice:

¡un héroe nos indica el camino!


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