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Santuario original




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Santuario Original

Habían transcurrido aproximadamente dos años desde que el Padre Kentenich tomara a su cargo la educación de los seminaristas en Schoenstatt. Su capacidad pedagógica, sus esfuerzos y la entrega de los jóvenes se vieron coronados con la fundación de la Congregación Mariana. Pero en el plan de la Divina Providencia esperaban aún grandes cosas a la Congregación.

Hasta el momento las actividades litúrgicas y las pláticas del Director Espiritual se habían desarrollado en la capilla del internado. Sin embargo, ésta no se mostraba especialmente favorable: era demasiado grande y, además, no había privacidad. Tanto el Padre Kentenich como los congregantes buscaban otra solución. El Padre veía claramente la necesidad de que los jóvenes dispusieran de un lugar pro-centro de unión para ellos. Fue así como se pensó en la posibilidad de pedir al Padre Provincial Kolb, una pequeña capilla dedicada a San Miguel que estaba abandonada en el valle, a los pies de la colina sobre la cual se erigía el internado, este accede y les concede la „capillita“ para que puedan celebrar sus reuniones. En Julio de 1914 la recibieron como propia y fue restaurada para su uso.

Los estudiantes partieron pronto a vacaciones de verano. En Agosto estalló la primera guerra mundial, acontecimientos al cual estará estrechamente ligado la fundación y el crecimiento de Schoenstatt. "Schoenstatt es hijo de la guerra" dirá más tarde el Padre Fundador.

El tiempo que media entre Julio y Octubre fue decisivo para la historia de Schoenstatt. Es en ese lapso cuando nace, en el silencio del corazón del Padre, el "pensamiento audaz" que dio origen al Movimiento.

Lo extraordinario sucedió en las circunstancias ordinarias de la vida diaria. Cayó en manos del Padre el diario "Die Allgemeine Rundschau" donde se encontraba un artículo sobre Bartolo Longo, abogado italiano, quien había "creado" un Santuario mariano en la ciudad de Pompeya. El Padre Kentenich vio en este hecho una señal de la Providencia y meditó largamente sobre él: ¿No podría suceder algo semejante también en Schoenstatt? Él quería depositar toda la responsabilidad de la educación de los jóvenes en manos de María. Los signos del tiempo, la guerra, exigían de ellos el máximo: la santidad. ¿No estaría en los planes de Dios que María, tal como había sucedido en Pompeya, fuese atraída a la pequeña capilla, para establecer allí su trono de gracia, y mostrarse como educadora obrando milagros de transformación?



A estas reflexiones se agregaron dos más que confirmaban la dirección en que iba el plan de la Divina Providencia. Una primera señal positiva eran las abundantes bendiciones que Dios había derramado sobre la pequeña comunidad a su cargo: "Quien conoce el pasado de nuestra comunidad no tendrá dificultades en creer que la Divina Providencia tiene designios especiales para con ella", dirá en la plática. Por otra parte, pensar que eso era posible concordaba con una ley general en el Reino de Dios: "¡Cuántas veces en la historia del mundo ha sido lo pequeño e insignificante el origen de lo grande, de los más grande!".

El Padre meditó y rezó hasta llegar al convencimiento que ese era el deseo de Dios. Así, cuando los congregantes regresaron de sus vacaciones, el 18 de octubre, en la primera plática que les dirige, les propuso su "secreta idea predilecta", su "audaz pensamiento".

„Quisiera convertir este lugar de peregrinación, en un lugar de gracias para nuestra casa y toda la provincia alemana y quizá más allá“

La historia futura se ha encargado de demostrar ampliamente que el Padre no se equivocó en la interpretación del plan de Dios y que había obrado bajo la dirección especial del Espíritu Santo. La plática del 18 de octubre es testimonio de un acontecimiento vital, de una nueva irrupción de gracias: una Alianza de María con el Padre y los jóvenes. Es el germen del cual brota toda la vitalidad y la estructura de la Familia. La pequeña capilla pasa a convertirse en el Tabor de María y en el centro de un amplio movimiento de renovación para la Iglesia y el mundo actual.

 

Fortalecido me levanto, Padre, para reavivar el fuego del amor y saludarte con alegria junto a todos los portadores de tu Schoenstatt. En el Santuario estamos congregados: allí nuestros corazones arden en amor por la Madre tres Veces Admirable, que por nosotros quiere construir tu Reino. Animados por el Espíritu Santo, nos ponemos de rodillas y con jubilo alabamos a Cristo, quien, con ella, nos envía como instrumentos, para dar a los pueblos un nuevo destino.



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