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Schoenstatt: Lugar hermoso

Es mi terruño, es mi tierra de Schoenstatt

Lugar donde tuvo su origen el MOVIMIENTO APOSTÓLICO DE SCHÖNSTATT.

Su historia comienza en el siglo XII, cuando este terreno fue concedido a las religiosas Agustinas. De esta época data su nombre: „Eine Schöne Statt“ traducido por „un lugar hermoso“. Aquí las religiosas erigieron su convento y la Basílica dedicada a María Santísima. Esto nos prueba que el lugar que Dios eligió para dar inicio a la obra de Schönstatt era un lugar de arraigada devoción mariana. El único vestigio que hoy tenemos de esos tiempos es una Torre (eran dos pero una se cayó en 1933)

La capillita (actual Santuario) debió ser construida un poco más tarde. Se usaba como capilla de cementerio y fue dedicada a San Miguel, de acuerdo a una costumbre alemana. A lo largo de los años fue destruida dos veces, en el año 1633 durante la guerra de los 30 años y en el año 1812 por una invasión francesa.

Es curioso, cuando menos, que esta insignificante capilla fuera reconstruida dos veces, mientras que la Iglesia grande no recibió el mismo trato. ¡Así, sencillamente, Dios va conduciendo misteriosa, pero certeramente su Plan de Amor para nosotros los hombres!

En 1901 la adquirieron los padres Pallotinos. Habitaron en un comienzo la casa pequeña (enfrente del Santuario) y allí comenzó su seminario menor. Pero pronto ya no era suficiente el espacio y decidieron, por ello, construir un nuevo seminario en lo alto del monte aprovechando una parte de las murallas que, en otro tiempo, cercaban la propiedad del convento. Este nuevo seminario fue inaugurado el 8 de Diciembre de 1912.

Los jóvenes, casi niños que llegaron a Schönstatt venían de un ambiente en el que reinaba mucha libertad. Sin embargo, al llegar al nuevo seminario tuvieron que someterse a una disciplina muy severa, con muchos reglamentos y una disciplina drástica.
Esto sucedía en el tiempo en que el concepto acerca de la obediencia y gobierno se hacían cada vez más normativos, por una falta de capacidad de dar respuesta a los desafíos que la época planteaba. Especialmente en los jóvenes. Así la divisa era: tenemos que restringir la libertad de los alumnos para que así no puedan abusar de ella. Este sistema de reglamentos cambió en muy poco tiempo el estilo de vida de estos chicos, transformándose en mero formalismo. „Se cumplían las normas y las obligaciones pero estaban para ellos vacías de sentido y de contenido“.

Esta era la situación cuando el Padre Kentenich fue llamado a Schönstatt como Director Espiritual, tiene que captar a estos muchachos que pasan por una crisis de gran rebeldía frente a sus superiores. Él ya conoce ese sentimiento. Fue llamado por sus dotes como pedagogo que demostró impartiendo clases de latín y griego en el seminario de Enhrenbreiststein (1910-1912).

El padre Kentenich tuvo siempre en el alma la idea de crear un nuevo tipo de hombre capaz de aspirar a las alturas con un espíritu totalmente libre y magnánimo. Con este convencimiento en el alma el 27 de Octubre de 1912 en su „conferencia de presentación“ (conocida hoy como Acta de Prefundación) comenzó a despertar el interés de los jóvenes por el plan que les proponía apelando a su libertad y a su anhelo de ser personalidades auténticas y libres:

„Y ahora me han nombrado director espiritual, sin que haya hecho absolutamente nada para ello. En consecuencia, debe ser la voluntad de Dios. Por eso acojo esta voluntad firmemente decidido a cumplir del modo más perfecto mis deberes para con todos y cada uno de ustedes. Por lo tanto, me pongo enteramente a su disposición, con todo lo que soy y tengo, con mi saber y mi ignorancia, con mi poder y mi impotencia, pero, sobre todo, les pertenece mi corazón.
Espero que nos entendamos bien. Espero que haremos todo lo posible para alcanzar, del modo más perfecto, el fin común que nos hemos propuesto, ¿Cuál es, entonces nuestro fin? La pregunta es importante, porque de su respuesta dependen nuestras relaciones en el futuro. Por eso les respondo clara y brevemente:
Bajo la protección de María queremos aprender a educarnos a nosotros mismos para llegar a ser personalidades firmes, libres, recias y sacerdotales. Queremos aprender. Por tanto, no solo ustedes sino también yo.“(Acta de Prefundación 27.10.1912)

Los jóvenes sienten en el P. Kentenich esa voluntad de entrega, esa actitud de „no puedo trabajar solo, tengo que trabajar en común“ y se dan cuenta especialmente que él les capta lo más querido que tienen: su anhelo de libertad.

Pero el padre Kentenich sabía que a pesar de todo, esta lucha por la verdadera libertad interior y por la formación de una personalidad integral no sería posible sin una protección, educación especial y personal de María.

Inspirado por esa convicción y su propia experiencia personal, el Padre Kentenich invitó a los jóvenes a transformar una Congregación misionera que habían formado y así fundar la Congregación Mariana el 19 de Abril de 1914.


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