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Afectos y vinculaciones

Querido Carlos:

Lo último que hablamos el pasado domingo en el Campamento de familias 2004, me dejó mal sabor de boca. Supongo que a ti también. Mi mujer, como buen contrapunto me corrigió y pidió que no haga comentarios si no son constructivos.

Por ello me disculpo y te ruego consideres la presente como mi intento por explicar mis consideraciones de forma constructiva.

Dios en su sabiduría sabe complementar nuestras deficiencias y con su Providencia nos da para cada día el pan que necesitamos.

Ese complemento, ausente en todas las charlas del Campamento, nos la regaló la Liturgia. En concreto comentaré sólo el evangelio del sábado y del domingo.

Comenzando por el domingo en el evangelio según San Lucas nos trae dos frases de Jesús que deberíamos analizar, pues están muy relacionadas con los temas expuestos.

La primera: „Deja que los muertos entierren a sus muertos, tu vete a anunciar el reino de Dios“ A ti Schonstattiano íntegro que veneras a tu padre, recién fallecido, con el que has mantenido una relación viva, que has aprendido de ese vinculo a descubrir el amor de Dios, con el dolor todavía a flor de piel, te pide Jesús que le sigas y tu fiel a tu organismo de vinculaciones le dices que te deje enterrar a tu padre que acaba de morir. Y Jesús te responde así: „rompe tus vínculos y tus afectos que son parte de la carne que perece y cumple tu misión de anunciar la autentica filiación, la filiación divina“

Sin haberte recobrado del mazazo y con la cabeza baja todavía, escuchas a tu amigo Schostattiano que le dice a Jesús que entonces él le seguirá pero que deje despedirse de su familia. Y el vuelve a responder: „El que echa mano del arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios“ Afectos, organismo de vinculaciones, sentimientos, vida ordinaria … ¿no vale para el reino de Dios? Sí vale, vale para ponerte en el camino pero debe quedar supeditado al Ideal (tu mirada al frente) Si tu ideal no tira lo suficiente como para cortar todo aquello que ata (vinculaciones) no vales para el reino de Dios. Tu vinculación / afecto, que no es potencia del alma sino del cuerpo / animal, debe ser transcendida, solo sirve para tener una imagen poco perfecta de lo que es la unión de Jesús con su Iglesia, la unión de la Santísima Trinidad, el amor de Dios Padre contigo: su hijo, …

El ideal debe ser el motor de la persona, no la búsqueda de vínculos. El vínculo solo es sano si ayuda en el cumplimiento del ideal personal. No hay ideal de familia si ata, desvía o trunca el ideal de uno de sus miembros. El único ideal de familia puede ser ayudar a conocer, aceptar y cumplir el ideal de cada miembro.

Lectura del evangelio del sábado: sanación de la suegra de Pedro.

¿Has pensado lo que significaba en aquella época, donde la familia dependía del padre, cabeza de familia, que este desapareciese para seguir un lunático, para cumplir su misión, su ideal personal (ser cabeza de la Iglesia)? ¿qué dejase a su mujer abandonada, sin recursos, viviendo con su madre?

Habría que oír a la suegra de Pedro, su machaca-macahaca con su hija todo el santo día en contra de su yerno.

Habría que oír a María, esposa de Pedro, sufrir en silencio el martirio de su madre, un día y otro día.

Pero es que en la ausencia (no concurrencia espacio-temporal) de Pedro no hubo tal ausencia. En la amada no hay ausencia del amado si se comparte su ideal, porque el ideal de uno se hace ideal del otro y la separación no significa ausencia.

Dios en su infinita sabiduría pone al ideal del marido el complemento en el ideal de su esposa y ambos hacen en una sola carne, un sólo espíritu. Y si uno es el espíritu ¿dónde está la ausencia?

La infinita sabiduría y Providencia de Dios supo encontrar en la enfermedad y sanación de la suegra de Pedro el alivio necesario para que ninguno de los tres llevase una carga por encima de sus posibilidades.

Y así la suegra conociendo y entendiendo quién era el lunático que había enloquecido a su yerno, se puso a servirles. Este fue el auténtico milagro dentro del milagro, la conversión de la suegra de Pedro que entendió lo que su humanidad le negaba (su amor afectivo de madre).

Pero en el mundo de Schoenstatt no hay milagros, (eso creemos); bueno decimos que sólo de transformación, ¿pero por qué se empeña Jesús siempre en unir lo físico con lo espiritual? ¿Es que Jesús no podía sanar a la suegra de Pedro a distancia, mientras recorrían el mundo? ¿O al ciego sin untarle barro? ¿Y convertir a Pablo sin dejarle ciego? La respuesta es que sí puede, pero el hombre necesita de ambas cosas pues si no, la materialidad lo acabaría todo. Solo cuando hay autentica fe como la del centurión Jesús cura o transforma a distancia.

¿Estaba equivocado el Padre Kentenich? NO

Lo que ocurre es que nuestra visión de Schoenstatt sigue siendo miope y enseñamos el mundo de Schoenstatt de forma borrosa, cuando no equivocada, descubriendo un Dios pequeñito, de bolsillo, limitado a nuestra cortedad de visión.

Un saludo,

José Alfonso Garre Contreras

Pozuelo de Alarcón, 29 de junio de 2004

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