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Amaras al señor tu Dios, con todo tu ...
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Cenáculo: Amaras al señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas
(1): En este Cenáculo vamos, en unión con María -la Madre de Dios- a implorar al Espíritu Santo que nos ayude a entender el primer mandamiento de Dios: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas". Que lo hagamos carne de nuestra carne y así hacernos portadores de Cristo a nuestro tiempo para que se encienda en el más luminoso resplandor del sol. Pero lo primero que vamos a hacer es ofrecer este rato a nuestra Madre, a María, para que con ella convirtamos cada momento de oración en una escuela de oración, donde ella nos enseñe a implorar el Espíritu de Dios prometido y nos ayude a recibir la palabra de Dios en nuestro corazón; por ello la decimos:
Oh Señora mía.......
Ahora, en este rato de oración vamos a hacer silencio, también en nuestro interior, acompañando con nuestro cuerpo a que todo él haga oración. Este ejercicio tiene como objeto preparar el encuentro con el Señor, vaciar nuestra mente de todo aquello que impide al Señor adentrarse a nosotros. Como en Pentecostés, en el Cenáculo, donde puertas y ventanas están cerradas así debemos cerrar nuestros sentidos para que el Espíritu Santo irrumpa en nuestro interior. Somos seres corporales, por eso no debemos menospreciar la actitud exterior de nuestro cuerpo. Ello nos dispone a rezar y es parte de nuestra oración. * Nos sentamos derechos, con la espalda apoyada en el respaldo de la silla, la cabeza hacia arriba, con las palmas de las manos hacia arriba reposando sobre nuestras piernas en actitud receptiva y tranquila. Ambos pies los apoyamos en el suelo y cerramos suavemente nuestros ojos. * Invoquemos la presencia del Espíritu Santo para que nos traiga la paz y nos sintamos cobijados en el amor de nuestro padre Dios.
(silencio)
(2): Padre Bueno: Tú preparaste a los Apóstoles para recibir al Espíritu Santo. Ellos estaban dispersos y temerosos; Tú los reuniste en torno a María en el Cenáculo y Ella los dispuso interiormente. Te agradecemos porque también a nosotros nos congregas en torno a María para implorar la venida del Espíritu. Escucha Padre, la súplica que junto con Ella te dirigimos: Espíritu Santo ven para que podamos adorar a Dios en espíritu y en verdad. Ven y haznos gozar de tu compañía.
SILENCIO
(1): Inspiramos profundamente por la nariz y dejamos que el aire salga suavemente, sin forzar. Otra vez. Ahora mientras expiramos decimos en voz baja "Bendito y alabado seas, Señor. Varias veces. Volvemos a inspirar profundamente, mantengamos el aire por unos segundos y exhalamos el aire en forma lenta y relajada. * Sentimos que los hombros caen pesados, que los brazos, antebrazos, manos y dedos de ambas manos están sueltos y relajados. Mantenemos los ojos cerrados para evitar distracciones y olvidarnos de los demás. Estamos en la presencia de Dios sólo eso nos importa. * Nuestra cabeza y cuello están derechos y sueltos. Nos concentramos en ellos por un momento. Aquí se acumulan muchas tensiones. Las relajaremos dejando caer varias veces la cabeza hacia adelante y luego hacia atrás. Hacia delante expiramos y hacia atrás inspiramos. Ahora dejamos caer la cabeza hacia el hombro derecho, luego hacia el izquierdo al ritmo de nuestra respiración. * Ahora distensionamos nuestras piernas, rodillas, tobillos, pies y dedos de los pies. * Estamos relajados. Sentimos nuestra respiración armónica y sosegada. * Demos gracias al Señor por nuestro cuerpo, por la vida que hay en nosotros, porque Él está aquí con y en nosotros, porque podemos respirar y vivir con Él. Vamos todos a cantar al Espíritu Santo. Después de la 2ª estrofa el coro seguirá cantando en un murmullo y nosotros en bajito repetiremos la oración que se va a hacer
Inunda mi ser... Enséñame a amar...
(1): ¡Abba! ¡Querido papá! (repetir todos en bajito) Desearía ser todo oídos... para escuchar tu voz... Me gustaría abrir mi corazón... de par en par... para que tu reines en él... Quiero grabar tu palabra en mi corazón... y lo primero que tu ordenaste al Pueblo elegido... no fueron los preceptos divinos... sino estas palabras: "Escucha Israel"... Yo quiero aquí y ahora que tu mismo... grabes sobre la piedra de mi corazón esas palabras... ¡Escucha Israel! y mi corazón como pueblo tuyo... te escuche por todos los poros de mi cuerpo... pues la fe se propaga por las palabras... y las palabras entran en el corazón... a través de los oídos... Por eso Señor quiero aprender... a estar siempre en actitud humilde... y de escucha ante ti, mi Dios...
(2): ¡Escucha Israel!... Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón.
(1): El corazón del hombre es el trono de la Palabra de Dios, es la tierra buena que recoge la semilla, la retiene y da fruto. La Palabra tiene un puesto de honor en el corazón y ha de estar escrita "no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne, en los corazones" , para hacerla vida. El libro de la Sabiduría dice: "El pensamiento es una chispa del latido de nuestro corazón" . Y siguiendo este sentido figurado, se podría decir que el corazón es el motor de la conciencia; el regula las acciones de todo hombre, pues, según está escrito, "el hombre bueno del buen tesoro de su corazón saca lo bueno, y el hombre malo del mal tesoro de su corazón saca lo malo". Del corazón nacen los buenos y los malos sentimientos, el amor y el odio, la sinceridad y la mentira, la bendición y la maldición. Cuando el hombre engendra la Palabra por medio del Espíritu, da a luz "obras perfectas", reflejando por doquier, como un espejo, la gloria del Señor hasta transformarse en su misma imagen convirtiéndose en icono del mismo Dios.. Y esto es así porque el hombre que lleva en su corazón la "Vida", no puede dar a luz "obras de muerte". En cambio, el que está muerto por el pecado, no puede más que parir aquello que el pecado engendra: llanto y desolación, agonía y muerte Si Dios es amor, es el amor lo que debe reinar en nuestro corazón, si el hombre destierra el amor de su corazón, este lugar será ocupado por la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la jactancia de las riquezas, todo lo cual no viene del Padre, sino del mundo
(2): ¿Qué hemos de hacer para amar a Dios con todo nuestro corazón?
(1): Acoger su Palabra, hacerla carne, hacerla vida. La tierra buena ha de ser mullida amando como ama Dios. El corazón se hizo para amar con amor de Dios que San Pablo nos describe así: "El amor es paciente y bondadoso; no tiene envidia, ni orgullo, ni jactancia. No es grosero, ni egoísta; no se irrita ni lleva cuentas del mal, no se alegra de la injusticia, sino que encuentra su alegría en la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo aguanta." Sólo amando a nuestros hermanos como Dios nos mandó tenemos mullida la tierra buena para amar a Dios. Sabemos que en numerosos manuales de ascética tradicional se tomaba distancia y desconfiaba de los vínculos personales efectivos, por las posibles desviaciones que podían darse en ellos. Se favorecía el contacto directo con Dios y por eso se abogaba por el desapego y desprecio de todo lo creado. Su posición se basaba en un cierto pesimismo ante la naturaleza humana y en múltiples experiencias negativas a lo largo de la historia. Por eso, su opción era evitar lazos, cortas y reprimir, más que aceptarlos, cultivarlos y encauzarlos. Sin embargo el amor orgánico ama a Dios, a Cristo Jesús, en los hombres, no de un modo general sino concreto. Dice el P. Kentenich:
(2): "Debo aprender a amar y a madurar en el amor, debo aprender a conocer y a vivir todas las formas del amor y a desarrollar en mí todos los tipos de amor. Todas las formas de amor: trátese del amor filial, del amor maternal, del amor paternal o del amor fraternal. Por eso he venido a este mundo, para eso estoy aquí: para amar. Debo aprender a amara pasando por todos los grados del amor, comenzando con el amor primitivo y llegando al amor pleno y maduro". Amar orgánicamente no opone amor a la criatura y amor a Dios. Tampoco tiene dificultad en amar a Dios en su "representante", entregándole a éste lo que en definitiva pertenece a Dios: obediencia, servicio, fidelidad y el propio corazón. El amor humano es expresión, camino y garantía del amor a Dios.
(1): Esto es lo que el P. Kentenich quería fomentar en todos los ámbitos: personas capaces de amar, que hubiesen vencido en si mimas la destrucción de los vínculos básicos del hombre (el colectivismo). Es decir, que amando al tú humano, en él amasen a Dios. Tal como la esposa ama a Cristo en su esposo y el amor a este no resta nada al amor a Dios; tal como el niño ama a Dios en su propio papá y con ello no roba nada al amor de Dios; tal como el profundo amor a María no significa dejar de lado el amor de Cristo. Al contrario, estos amores humanos son camino y garantía de un auténtico amor a Dios y a Cristo. Es como la batalla iconoclasta donde se defendía la prohibición de toda representación de Dios por mano del hombre. El Deuteronomio lo explica así. "Puesto que no visteis figura alguna el día en que el Señor os habló en el Horeb de en medio del fuego, no vayáis a prevaricar y os hagáis alguna escultura de cualquier representación que sea...." Sin embargo la encarnación del Verbo justificó contra los iconoclastas el culto de las sagradas imágenes. El hijo de Dios, al encarnarse, inauguró una nueva "economía" de las imágenes. De igual manera el Dios celoso del antiguo testamento quiere un amor a Dios sobre todas las cosas sin embargo con la encarnación del Verbo el mismo Dios se adapta al mundo. Dios se adapta a la naturaleza humana, creada por él mismo, a sus condiciones y necesidad. Así se adapta a la naturaleza sensible del hombre: Nos habla en nuestro lenguaje; se encarna en Cristo; nos regala a María por Madre; nos da la iglesia como una familia; se hace sensible en los sacramentos. son ayudas que nos da Dios para el encuentro de amor con El. Dios nos regaló su Espíritu Santo y se quedó en el mundo. Si el laico quiere encontrar a Dios en medio del mundo, constantemente debe remontarse a El partiendo de lo creado; debe desarrollar el hábito de ver a Dios en el hombre. Debe descubrir en el hombre su icono, amando a Dios en el otro, involucrando a nuestro corazón de forma completa "reflejando como en un espejo la bondad de Dios" y, en amándolo a Él, no podría menos que amar a todas y cada una de sus criaturas, a todas "sin excepción de personas". Cumplamos el nuevo mandamiento de Jesús:
(2): Un nuevo mandamiento os doy: que os améis los unos a los otros como yo os he amado, así también amaos mutuamente. En esto conocerán todos que sois mis discípulos: si os amáis los unos a los otros .
(1): Cantamos... Inunda mi ser... Enséñame a amar...
desearía tener multitud de ojos Señor... para mirarte sólo a ti... ya que me has abierto los oídos para escucharte... ahora te pido que abras mis ojos para ver tu luz... porque si tu iluminas los ojos de mi corazón... podré discernir el bien del mal... Para ello me bastará vivir de fe... pues ella es la ventana abierta por donde mirar... ¡Que don mas preciado me has regalado, Señor... Una enorme ventana abierta por la que mirar... y así, aunque ande por valle tenebroso... nada he de temer.. porque tú estás conmigo... eres mi luz... mi salvación... y la defensa de mi vida...
(2): Escucha Israel, amarás al Señor tu Dios con toda tu alma.
(1): Sería fácil amar con el corazón y de forma sensible. Al encuentro de estas palabras sale el divino Maestro, que conoce mejor que nadie al hombre, porque ésta es obra de sus manos.
(2): "No todo el que dice: ¡Señor, Señor! entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos" .
(1): La voluntad es una de las potencias del alma; no se puede amar a Dios con los labios, mientras la voluntad camina por senderos contrapuestos al deseo y a la voluntad del Señor. Amara con el alma es tener el pensamiento en Dios, es comprender el maravilloso misterio del amor, que para este fin el hombre está dotado de inteligencia y ha de saber que Dios por sí mismo merecer ser amado porque "es el Señor" . Amar con el alma es tener la memoria, entendimiento y la voluntad al servicio de Dios y caminar paso a paso unidos a Jesús, perfecto "Amador de las almas" . Sólo así podremos decir que hemos cumplido a precepto del amor.
(3): Queridos hijos: "No améis al mundo ni las cosas que hay en el mundo. Si alguno ama el mundo, al amor del Padre no está en él pues todo lo que hay en el mundo, la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la jactancia de los bienes terrenos, no procede del Padre sino del mundo. Y el mundo y sus concupiscencias pasa, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre"
(1): Para obrar así el alma debe aprender a amar a Dios con la oración, pues con ella aprende a vivir en Él por Él y para Él y llega este amor a ser tan necesario para la propia existencia que, sin amor, el hombre vive angustiado. Por eso cuando el hombre se enamora de Cristo y el amor divino toma asiento en su alma, de su corazón brota la piedad, que es el elixir del amor. La piedad es también como un manto que guarda y protege la fidelidad, la fidelidad sostiene y vigoriza la fe, que no sólo es "creer contra toda esperanza" sino que es tener seguridad en Aquel que nos amo hasta el extremo de dar la vida. El alma fiel renuncia a sí misma y vive constantemente en la presencia de Dios y, porque está enamorada de su Amado, no puede substraerse de El y, despierta o dormida, su recuerdo le acompaña, su amor le sostiene, su gracia la transforma. Él está en ella, como templo que es de Dios vivo, y el alma está en Él, sumergida en el abismo de su infinita misericordia, "porque en Él vivimos, nos movemos y somos . La oración no es otra cosa que el alma en Dios y Dios en el alma.
(1): Cantamos ... Inunda mi ser... Enséñame a amar...
y por último Señor... Llena mi corazón de tu infinito amor.. que no es para amar a criatura humana alguna... ni las riquezas de este mundo... ni sus honores, ni sus glorias... sino que suplico constantemente Señor... que llenes mi corazón de amor para amarte... como sólo tú te mereces... por encima de todo lo creado... y te lo pido por los méritos de María y de su Hijo... pues yo nada merezco... Amen..
(2): Amarás al Señor tu Dios, con todas tus fuerzas"
(1): Si he de amar al Señor con todas mis fuerzas, ¿dónde encontrarlas, pues mi carne es débil y mis fuerzas no me soportan? El Señor le dijo a San Pablo: "Te basta mi gracia ya que la fuerza se pone de manifiesto en la debilidad. Y San Pablo dijo: Gustosamente, pues, seguiré presumiendo de mis debilidades, para que habite en mi la fuerza de Cristo. Y me complazco en soportar por Cristo flaquezas, oprobios, necesidades, persecuciones y angustias, porque cuando me siento débil es cuando soy fuerte". ¿Cómo hemos de tratar nuestras debilidades? Contesta el P. Kentenich
(2): Por una parte veremos lo que no hemos de hacer. En primer lugar, y esto es importante, no debo sorprenderme. Si sabemos lo que el dogma nos dice acerca de la validez universal del pecado original. Si me conozco tal como soy; si miro hacia atrás, a la historia de mi grupo familiar; si se cuales han sido los rasgos característicos de mis antepasados, que motivo tengo para extrañarme que aparezcan malezas en mi jardín. Con lo cual ciertamente no queremos decir que nuestra conciencia de responsabilidad no deba existir. ¿De ninguna manera! Sin embargo...¿no debemos extrañarnos! En segundo lugar no confundirse. Fácilmente nos damos cuenta que la confusión es una reacción natural ante la experiencia de nuestras debilidades. Pero ¿por qué nos vamos a confundir?. Si no he de extrañarme tampoco he de confundirme. Lo considero como algo evidente; y más bien me admiro que las cosas no sean peores. Por tanto tampoco tengo motivos para confundirme. En tercer lugar, no desanimarse jamas. El desanimo puede ser el origen de muchos pecados realmente graves. Conocemos aquel famoso proverbio: El demonio pesca en aguas turbias. Siempre hemos de protegernos contra el desanimo y esto debemos considerarlo como tarea de toda nuestra vida. La cuarta respuesta es no acostumbrarse. No debemos instalarnos en nuestras miserias. Debemos luchar con espíritu de victoria implorando las gracias del Señor. ¿Que debemos hacer con nuestras debilidades? Debemos transformarnos también por medio de nuestras miserias en un milagro de humildad, un milagro de confianza, un milagro de paciencia y un milagro de amor. Debemos ser un milagro de humildad. El pecado original fue el del orgullo, el de la soberbia. Es el polo opuesto de la humildad. Debemos desterrar de nuestro corazón el orgullo y la soberbia. Para ello debemos 1) pedir incesantemente esta virtud a Dios, pues "todo don perfecto viene de lo alto y desciende del Padre de las luces". Dios suele conceder esta gracia a quien se lo pide con entrañable y humilde oración por María; 2) poner los ojos en Jesucristo, modelo incomparable de humildad: "Aprended de mi que soy manso y humilde de corazón"; 3) tratar de esforzarse en imitar a María, reina de la humildad. Ella apenas habla, no llama la atención en nada, se dedica a las tareas propias de una mujer cualquiera, aparece en el calvario como la madre de un fracasado, vive desconocida bajo el cuidado de San Juan, no hace ningún milagro, no se sabe exactamente donde murió. Debemos ser un milagro de confianza El alma confiada es la que espera con firmeza y con seguridad que todo le viene de Dios. Cuando la confianza no esta puesta en Dios el hombre necesita atarse, esclavizarse a las pequeñas cosas cotidianas. Necesita tener seguridad. Seguridad en la estabilidad de su trabajo, seguridad en sus relaciones afectivas, seguro de accidentes, seguro de incendios, seguro de robo, seguro de jubilación. Este hombre instalado necesita de normas y determinaciones legales, cualquier tipo de audacia es sofocada. El hombre instalado en el mundo no se aventura a ningún riego. El hombre instalado no asume los riesgos de la fe, con el tiempo su fe se vuelve anémica. No vive del espíritu, vive de la letra. Sólo con confianza se puede hacer vida nuestra fe. Debemos instalarnos en el mundo espiritual. La casa donde instalar nuestra morada ha de estar en roca firme. Esta roca sólo es Dios. Por ello seremos un milagro de confianza, solamente, si damos el salto de la fe, simplemente entregándonos a la conducción divina, debemos vivir la fe practica en la divina providencia. Debemos ser un milagro de paciencia Paciente con nuestras debilidades pero sobre todo paciente con las debilidades de los demás. Es más, usemos las debilidades que vemos en los demás para descubrir las nuestras, pues cuando vemos la paja en el ojo ajeno es por que tenemos una viga en el nuestro. Debemos ser un milagro de amor
(1): ¡Oh Señor Jesús, haznos comprender el misterio del amor a Dios!
(2): "Cuando venga el Hijo de hombre en su gloria con todos sus ángeles, se sentará en un trono de gloria. Todas las naciones se reunirán delante de él, y él separará unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, pondrá las ovejas a un lado y los cabritos al otro. Entonces el rey dirá a los de un lado: "Venid, benditos de mi Padre, tomas posesión del reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber; era forastero y me alojasteis; estaba desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel y fuisteis a verme". Entonces le respondieron los justos: "Señor, ¿Cuando te vimos hambriento y te alimentamos; sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero y te alojamos, o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo en la cárcel y fuimos a verte? Y el rey les responderá: "Os aseguro que cuando lo hicisteis con uno de mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis". Después dirá a los del otro lado: "Apartáos de mi, malditos, id al fuego eterno, preparado por el diablo y sus ángeles. Por que tuve hambre y no me disteis de comer; tuve sed y no me disteis de beber; fui forastero y no me alojasteis; estaba desnudo y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel y no me visitasteis". Entonces responderán también estos diciendo: "Señor, ¿Cuándo te vimos hambriento o sediento, forastero o desnudo, enfermo o en la cárcel y no te asistimos? Y el les responderá : "Os aseguro que cuando dejasteis de hacerlo con uno de estos pequeños. También conmigo dejasteis de hacerlo "E irán estos al castigo eterno, y los justo a la vida eterna. MÚSICA
Y después de este rato de oración, le cantamos a la Mater en el número 130 "La Madre del silencio".
(1): Aunadas las potencias del alma, rendidas ante el Soberano Señor de todas las cosas, el hombre habrá adquirido fuerza y espíritu vital, porque cuanto interceptaba su camino en esa búsqueda constante para alcanzar el amor de Dios, lo ha arrojado lejos de su corazón, que ahora sólo pertenece al Señor. Pero para que el hombre pueda mantener encendida la llama del amor divino en su corazón, debe cuidar en todo instante de ir alimentando ese fuego. El viento huracanado que Satanás y sus satélites lanzan sobre el mundo, apagan esa llama. "Se enfría el amor de las multitudes" y, faltos de amor, los hombres nos matamos entre nosotros. Como ganado al degüello corremos, atropellándonos unos a otros, sin advertir que al final de ese callejón sin salida nos espera la muerte, una muerte atroz que será implacable, consecuencia de lo que fue nuestra vida. Así que "no nos engañemos, de Dios nadie se burla". El hombre ha errado su camino apartándose de Dios, de forma que la humanidad es como un avispero ruidoso y mal avenido; ideas nocivas, doctrinas falsas, sectas de perdición bullen por doquier y esparcen sus errores. La tierra está sembrada de maldades. Debemos orar para que pase pronto ese tiempo y venga a nosotros el reino de Dios.
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Cenáculos / El don de la oración
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