Página de inicio
Acerca de nosotros
Nuestras vinculaciones
Nuestros escritos
    Cenáculos
    Vigilias
    Oraciones
    Poesías
    Cartas
    Tiempos Apocalípticos
Otros escritos
Libros
Enlaces varios
Descargas
Buscar
Avisos
Nuestra Agenda

El don de la oración

Cenáculo: El don de la Oración

VIGILIA CAMPAMENTO DE FAMILIAS 1995

Durante este curso algunos de nosotros hemos realizado unos talleres de oración con el P. Javier.
Nos fue traído un material precioso de Chile que utilizamos con gran provecho. En esos talleres de oración se nos enseñaba a abrir nuestro corazón al Señor, a aprender a dialogar con El. Estamos pendientes de hacer un curso de monitores para poder ofrecerlo a todos, especialmente a la familia de Bembibre y a ponerlo a disposición de todo el mundo, no sólo a las personas del Movimiento.
Hoy, basado un poco en el taller, vamos a hacer una Vigilia Cenáculo cuyo objetivo será, básicamente, el aumentar nuestra sed de Dios y así comprender la necesidad de aprender a orar, a dialogar con Dios. La oración nos permitirá entonces aumentar nuestra fe, acrecentar el conocimiento de nosotros mismos y descubrir lo que Dios quiere de nosotros.
Dijo la Madre de Dios en las Bodas de Canaá:
"Haced lo que el os diga" Ahí estriba toda perfección. No hay que buscar cauces ni caminos fuera de éste, marcado con "el dedo de Dios" un camino que elimina el riesgo y el fracaso porque Cristo, que libró al hombre de la esclavitud del pecado, camina delante de cada uno de nosotros llevando sobre sus hombros la cruz" pesada de nuestras insuficiencias, ayudando al cansado y consolando al afligido .
Pero lo primero que vamos a hacer es ofrecer este rato a nuestra Madre, a María, para que con ella convirtamos cada momento de oración en una escuela de oración, donde ella nos enseñe a implorar el Espíritu de Dios prometido y nos ayude a recibir la palabra de Dios en nuestro corazón; por ello la decimos:

Oh Señora mía.......

Vamos todos a cantar en el número 202 un canto al Espíritu Santo. Después de la 3ª estrofa el coro seguirá cantando en un murmullo y nosotros en bajito repetiremos la oración que se va a hacer

Inunda mi ser...
Enséñame a amar...
Enséñame a orar...

¡Abba! ¡Querido papá! (repetir todos en bajito)
Desearía ser todo oídos...
para escuchar tu voz...
Me gustaría abrir mi corazón...
de par en par...
para que tu reines en él...
Quiero grabar tu palabra en mi corazón...
y lo primero que tu ordenaste al Pueblo elegido...
no fueron los preceptos divinos...
sino estas palabras: "Escucha Israel" ...
Yo quiero aquí y ahora que tu mismo...
grabes sobre la piedra de mi corazón esas palabras...
¡Escucha Israel!
y mi corazón como pueblo tuyo...
te escuche por todos los poros de mi cuerpo...
pues la fe se propaga por las palabras...
y las palabras entran en el corazón a través de los oídos...
Por eso Señor quiero aprender...
a estar siempre en actitud humilde...
y de escucha ante ti, mi Dios...

Cantamos..( la 3ª)... Enséñame a orar...

Desearía tener multitud de ojos Señor...
para mirarte sólo a ti...
ya que me has abierto los oídos para escucharte...
ahora te pido que abras mis ojos para ver tu luz...
porque si tu iluminas los ojos de mi corazón...
podré discernir el bien del mal...
Para ello me bastará vivir de fe...
pues ella es la ventana abierta por donde mirar...
¡Que don mas preciado me has regalado, Señor...
Una enorme ventana abierta por la que mirar...
y así, aunque ande por valle tenebroso...
nada he de temer..
porque tú estás conmigo...
eres mi luz...
mi salvación...
y la defensa de mi vida...

Cantamos ( la 3ª) ... Enséñame a orar..

y por último Señor...
Llena mi corazón de tu infinito amor..
que no es para amar a criatura humana alguna...
ni las riquezas de este mundo...
ni sus honores, ni sus glorias...
sino que suplico constantemente Señor...
que llenes mi corazón de amor para amarte...
como sólo tú te mereces...
por encima de todo lo creado...
y te lo pido por los méritos de María y de su Hijo...
pues yo nada merezco...
Amen.

Y damos gracias al Señor cantándole con alegría el Magnificat. Canto nº 133.
Ahora, en este rato de oración vamos a hacer silencio, también en nuestro interior, acompañando con nuestro cuerpo a que todo él haga oración.
Este ejercicio tiene como objeto preparar el encuentro con el Señor, vaciar nuestra mente de todo aquello que impide al Señor adentrarse a nosotros. Como en Pentecostés, en el Cenáculo, donde puertas y ventanas están cerradas así debemos cerrar nuestros sentidos para que el Espíritu Santo irrumpa en nuestro interior.
Somos seres corporales, por eso no debemos menospreciar la actitud exterior de nuestro cuerpo. Ello nos dispone a rezar y es parte de nuestra oración. Nos sentamos derechos, con la espalda apoyada en el respaldo de la silla, la cabeza hacia arriba, con las palmas de las manos hacia arriba reposando sobre nuestras piernas en actitud receptiva y tranquila. Ambos pies los apoyamos en el suelo y cerramos suavemente nuestros ojos. Invoquemos la presencia del Espíritu Santo para que nos traiga la paz y nos sintamos cobijados en el amor de nuestro padre Dios.

(silencio)

Padre Bueno:
Tú preparaste a los Apóstoles para recibir al Espíritu Santo. ellos estaban dispersos y temerosos; Tú los reuniste en torno a María en el Cenáculo y Ella los dispuso interiormente. Te agradecemos porque también a nosotros nos congregas en torno a María para implorar la venida del Espíritu. Escucha Padre, la súplica que junto con Ella te dirigimos: Espíritu Santo ven para que podamos adorar a Dios en espíritu y en verdad. Ven y haznos gozar de tu compañía.

SILENCIO

Inspiramos profundamente por la nariz y dejamos que el aire salga suavemente, sin forzar. Otra vez. Ahora mientras expiramos decimos en voz baja "Bendito y alabado seas, Señor varias veces volvemos a inspirar profundamente, mantengamos el aire por unos segundos y exhalamos el aire en forma lenta y relajada. Sentimos que los hombros caen pesados, que los brazos, antebrazos, manos y dedos de ambas manos están sueltos y relajados. Mantenemos los ojos cerrados para evitar distracciones y olvidarnos de los demás. Estamos en la presencia de Dios sólo eso nos importa.
Nuestra cabeza y cuello están derechos y sueltos. nos concentramos en ellos por un momento. Aquí se acumulan muchas tensiones. Las relajaremos dejando caer varias veces la cabeza hacia adelante y luego hacia atrás. Hacia delante expiramos y hacia atrás inspiramos. ahora dejamos caer la cabeza hacia el hombro derecho, luego hacia el izquierdo al ritmo de nuestra respiración.
Ahora distensionamos nuestras piernas, rodillas, tobillos, pies y dedos de los pies.
Estamos relajados. Sentimos nuestra respiración armónica y sosegada.
Demos gracias al Señor por nuestro cuerpo, por la vida que hay en nosotros, porque Él está aquí con y en nosotros, porque podemos respirar y vivir con Él.
Ahora en esta posición con los ojos cerrados escuchamos la cassette:

Narrador:
La oración es un don de Dios, un tesoro de incalculable valor; más, para conservar este don divino y mantener vivo el diálogo entre el Creador y la criatura, el hombre debe tener sencillez y humildad y, al mismo tiempo, fidelidad a las gracias. La oración es una llamada de Dios y una respuesta del hombre a esa llamada divina. Si no se realiza este encuentro entre lo divino y lo humano, la oración es imposible. El Señor busca por todos los medios intimar con el hombre porque el hombre es su criatura y, de suyo, le pertenece. Por eso dice:

Jesús:
"Me he hecho el encontradizo de quienes no preguntaban por mí; me he dejado hallar de quienes no me buscaban. Dije: "Aquí estoy, aquí estoy" a gente que no invocaba mi nombre. Alargué mis manos todo el día hacia un pueblo rebelde que sigue un camino equivocado en pos de sus pensamientos" "Mas ellos no escucharon ni aplicaron el oído, sino que procedieron según la pertinencia de su mal corazón y se pusieron de espaldas que no de cara"

Narrador:
La pequeñez cautiva a Dios. Él rey Salomón dice en su oración:

Salomón:
"Yo soy un niño pequeño que no sabe salir ni entrar"

Narrador:
Y la humildad de David le hace decir:

David:
"Pues ¿Quién soy yo y quién es mi pueblo para que podamos ofrecerte estos donativos? Porque todo viene de ti"

Narrador:
David es un hombre según el corazón de Dios y Dios le escucha.
Desde la pequeñez y la humildad el hombre puede acercarse a Dios. Desde la pureza del corazón puede invocar su santo nombre y hablar con Él.Sólo entonces "escucharas su voz, porque el Señor, tu Dios, es un Dios misericordioso: no te abandonará"

MÚSICA

Jesús:
¡Si conocierais el don de la oración! Si comprendierais quien es Aquel que sigilosamente se acerca a cada uno de vosotros y os dice: "Tengo sed", sed de almas, sed de compartir mi vida con los hijos de los hombres, sed de habitar en cada uno de vosotros. Tengo sed; una sed ardorosa me consume, porque tu, criatura en la que he volcado todo mi amor y en la que tengo todas mis delicias, no tienes sed de mi.

SILENCIO

Jesús:
¡Conoces la profundidad de mi amor?
¡Oh quién pudiera comprenderme! tan solo bastaría un instante de oración, tan solo un instante sería suficiente para transformar tu vida, si tú me la entregaras ¿Cuándo vendrás a mi?


SILENCIO

Jesús:
Desde tiempos antiguos pretendí que fueras mía. Entonces me dije: "Voy a seducirla, la llevaré al desierto y allí le hablaré al corazón" ; pero ni recriminando tu conducta ni poniéndote a prueba logré que me fueras fiel un sólo día y seguiste hostil a mi llamada porque "tenías querencia a tu infidelidad" . Pero "yo extendí sobre ti el borde de mi manto y cubrí tu desnudez" "Hice desaparecer de ti la culpa" y de nuevo te llamé, no para recriminarte tu infidelidad, sino "para desposarte conmigo para siempre: si, te desposaré conmigo en justicia y en derecho, en amor y en compasión, te desposaré conmigo en fidelidad y tu me conocerás y me llamarás "Esposo mío"

SILENCIO

Narrador:
Los desposorios del alma con su Dios y Señor son una lianza de amor. Esta alianza es participación del hombre en la vida divina. La oración por tanto, es alianza, desposorio, comunión, fidelidad, don divino y ciencia sublime. En la oración el hombre adquiere conocimiento de Dios, aprende a conocerse a si mismo y ve sus flaquezas y limitaciones. A través de este conocimiento propio y del Ser amado el alma va creciendo en amor, en fidelidad y en fe, de tal forma que el Señor viene a ser para ella lo mas importante haciéndose tan necesario para la vida del espíritu como el aire que respira lo es para la vida del cuerpo.
MÚSICA

Narrador:
Escuchemos ahora al Padre Kentenich preguntarnos Padre Kentenich:En este momento preciso de nuestra vida, ¿Está obrando el Espíritu Santo con fuerza en nosotros, de tal manera que podamos decir que Él es lo central de mi vida espiritual, que lo principal es la actividad de Dios y no la mía?

MÚSICA

Padre Kentenich:
Tendría que ser así, pero muy a menudo no es este el caso, precisamente porque no nos esforzamos por cultivar las virtudes teologales y cardinales con la ayuda de la gracia actual.

Narrador:
Cada una de estas palabras deberían ser motivo de una seria revisión y meditación profunda. La frágil condición humana a veces se deja llevar por la rutina; pero, ¡Oh Portento del amor divino: que estimable eres para aquellos que te aman y acuden a ti con espíritu humilde y reverente!

Padre Kentenich:
Hay tres cosas que podemos hacer para disponernos de manera adecuada a una mayor actividad del Espíritu Santo. Eduquémonos y eduquemos a los demás en las siguientes actitudes:
El recogimiento: En primer lugar, recogimiento de nuestro espíritu, esforzarse - siempre con la ayuda de la gracia - en estar recogidos. Las fuerzas espirituales tienen que estar concentradas en Dios. Se trata de un recogimiento y soledad llenos de Dios. Tenemos que educar hombres y ser nosotros mismos hombres que puedan estar en soledad con Dios.

Narrador:
¿Como oraba Jesús el Divino Maestro?
(TS 23.3c)
Los fariseos alzan su voz para orar; Jesús, en cambio huye del bullicio y sube al monte, a solas, para orar; se aleja del mundo y se va al desierto. En el huerto de los olivos Jesús se aleja de los discípulos como a un tiro de piedra y, puesto de rodillas, ora al Padre, si Jesús conserva esa actitud e reverencia y profunda humildad cuando se dirige al Padre, es porque la reverencia es imprescindible en la oración. Lo mismo que la humildad. Jesús te enseña que a Dios se le adora de rodillas.
Si quieres intimar con el Señor, retírate del bullicio, entra en tu aposento y dobla tus rodillas ante Aquel a quien los ángeles adoran postrados.
Necesitamos recogernos para orar a Dios con el corazón, con la mente y con el espíritu.

Padre Kentenich:
La siguiente actitud es: Caminar en Dios. Otra actitud a transmitir en la educación es el continuo caminar en y con Dios. Debemos hacer incapie en nuestra propia actividad; pero jamás alcanzaremos un continuo caminar en Dios si no nos ayuda el Espíritu Santo.
Esforcémonos de nuestra parte por contemplar frecuentemente a Dios a la luz de la fe, hablarle y ofrecerle sacrificios. ¿Qué sacrificios son estos? Los que hacemos en el campo de las virtudes, ya sean las cardinales o bien las teologales. No esperemos hasta que el Espíritu Santo tome la iniciativa; hay que crear la disposición en nosotros para su venida.

Narrador:
¡He ahí el secreto: santificar cada minuto para que sea santa toda nuestra vida! Si nos marcamos objetivos a largo plazo en este camino de perfección por el cual deberemos ir avanzando, será difícil que lo cumplamos. Él cansancio, la rutina diaria, las corrientes adversas y la fragilidad humana serán grandes enemigos que, junto con la inconstancia deberemos vencer.
Esta multitud de obstáculos intimida a muchos, haciendo que dejen para otro día aquellos buenos propósitos que en la oración habían hecho.
Él hombre "que se adhiere a Cristo se hace un solo espíritu con Él" y participa de la vida divina. Por esta participación el hombre es santo por la santidad que le viene de aquel que es tres veces santo. Ahí estriba toda santidad, en vivir íntimamente unido a Cristo siendo uno con Él. Él hombre es flaco por naturaleza, débil y pobre en virtud; nada bueno ni digno de honor puede salir de nuestros corazones ¿Dónde está, pues, nuestra santidad? ¿Dónde, nuestro heroísmo? ¿Dónde nuestra generosidad? Escucha las palabras de Jesús:

Jesús:
"Sin mí nada podéis hacer"(1)

Narrador:
Luego la santidad está en poseer a Dios. Dios es la santidad de todo hombre. Él es la luz que alumbra la oscuridad y la corona de gloria del vencedor.
"Ya no diremos: la santidad es superior a nuestras fuerzas, porque cumplir los mandamientos está fuera de nuestro alcance"(2)
Si tenemos a Cristo en nuestros corazones todo estará cerca de nosotros, al alcance de la mano. La santidad estriba en el amor.Amar al Señor, nuestro Dios y escuchar su voz.

Padre Kentenich:
La tercera actitud es:El anhelo Podremos preparar nuestra alma a una intervención más profunda del Espíritu Santo mediante hondos anhelos.

Narrador:
Señor nuestro, cuanto deseamos tus palabras y ser instruidos por ti y por mediación de nuestra educadora la virgen María la llena de gracia, la esposa del Espíritu Santo. María nos llenará de anhelos por la Santísima Trinidad y así ésta se dejará ver de los que la aman y será hallada de los que la buscan, y aún se anticipará a darse a conocer a los que la desean. Él que temprano la busca no tendrá que fatigarse pues a su puerta la hallará sentada.
Y a la MTA le pediremos: Madre, que en todo momento añore el cielo para que, como el tuyo, mi corazón sea amplio y generoso.

MÚSICA

Y después de este rato de oración, le cantamos a la Mater en el número 130 "La Madre del silencio".


hacia arriba

Amaras al señor tu Dios, con todo tu ...

Contáctenos Información Registro