ORACION AL ESPIRITU SANTO
94-08-05
Cuando pienso en los comienzos de la Iglesia constituida por rudos y pobres pescadores: entre ellos había indecisos, cobardes, un traidor y un perjuro. Así me veo yo, Señor, en esencia pura ruina y sin embargo te has fijado en mi, porque la elección divina no depende de las obras, sino del que llama. Luego cuando medito sobre la transformación de los apóstoles, después de la venida del Espíritu Santo, donde de hombres flacos, se tornaron fuertes y, de cobardes, valerosos y fueron por todo el mundo predicando el evangelio, me veo en la necesidad de alabar, y bendecir al Espíritu de Verdad y si tiene a bien, pues nada merezco, me de la gracia del Espíritu Santo.
¡Oh Espíritu Santo! Dios bondadoso, tierno y compasivo, que con paciencia infinita conduces a las almas a lares de paz y a llanuras de sosiego; allí las instruyes en la verdad, les devuelves la vida y les hablas al corazón.
Oh Espíritu Santo, mi amado Dios, fuente de vida y de santidad. Eres la Sabiduría infinita que se derrama sobre las almas como torrente desbordado y que se anticipa a darse a conocer a los que le anhelan y la encuentran los que la buscan.
Oh Divino Benefactor, ante Ti me postro para pedir la asistencia de tan augusto Abogado, pues busco por encima de todos los bienes la intimidad con el Señor; pues solo teniéndolo en el corazón y compartiendo la vida con El, es posible conocerlo; y conocer al Señor, es amarlo. Y amando al Señor ¿no daría yo mi vida por El? Si, la daría, por eso con humildad me convierto en instrumento tuyo para servirte en todos mis caminos y alabarte y bendecirte en todas mis obras. (TS 19.1)
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