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La seducción de la bestia
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"Vi entonces cómo surgía del mar una bestia con diez cuernos y siete cabezas. En cada cuerno tenía una diadema, y en cada cabeza un título blasfemo. Era una bestia parecida a un leopardo, si bien sus patas eran como de oso, y sus fauces como de león. El dragón le dió su fuerza, su imperio y un inmenso poderío. Me pareció que una de las cabezas babía sido herida de muerte, pero la herida mortal estaba ya curada. Todos los hombre de la tierra corrieron fascinados tras la bestia. Adoraron al dragón por cuanto había traspasado su poder a la bestia, y adoraron también a la bestia, exclamando: -¡Nadie como la bestia! ¿Quien será el valiente que se atreverá a pelear contra ella?" (Ap 13, 1-4)
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La Bestia sedujo a todos porque tenía cualidades aptas para cautivar a las masas. La Bestia era semejante a un leopardo, por su destreza, seguridad y atractivo físico. Tenía además sus patas como de oso, fuertes y aplastantes, y donde entra el oso se notan sus pisadas, porque deja honda huella. Tenía boca, y su boca era como boca de león. Tres símbolos que describen la astucia de la Bestia. Cada uno de ellos representa los despotismos mundanales de este siglo: poder, honores y riqueza.
Los hombre, por conseguir el poder e inducidos por la Bestia, toman la agresividad y la malicia del leopardo que, como animal carnicero, por conseguir sus fines mata despiadadamente; el poder sin prestigio no sacia sus ansias de notoriedad y, por conseguir gloria y estima, mienten, oprimen y avasallan. Poder, honor y gloria sin riquezas no conducen a nada; la Bestia no estaría satisfecha y les lleva al corazón deseos desenfrenados de adquirir riquezas.
De forma simple y casi sin advertirlo, la Bestia día a día les va llevando por un mundo donde sólo tiene valor el poder, los honores y las riquezas. La seducción al mal proporciona a los niños un destino ruinoso; a los jóvenes los lleva a la desesperanza, al crimen, al vicio y a las drogas; y a los mayores a su ruina espiritual.
El leopardo ha cumplido su oficio, ha propagado rápidamente el mal en todas las direcciones. El oso ha entrado con su apariencia inofensiva en las casas, en los seminarios, en los conventos, en todas partes; y cuando ha ocupado un lugar preferente, oprime y aplasta, seduce y conquista. Ya está casi todo bajo su dominio y, entonces, con su boca de león grita y vocifera y se deja oír. Grandes y pequeños lo escuchan; y todos, sorprendidos dicen: "¿Quién como la Bestia?", porque ésta hacía cosas mágicas y sabia hablar como ellos. Mujeres y hombres, jóvenes y ancianos, todos a una dijeron: Es maravillosa, y dejaron de hablarse las familias entre sí para escuchar lo que vociferaba la Bestia. Cautivó a chicos y a grandes y se olvidaron unos de otros.
Admirados por el saber y la ciencia del monstruo parlanchín, todos enmudecieron. Lo esperaban con gozo, porque venia para hacer las delicias de los niños y para distraer a los mayores; y nada malo habría en ello si no estuviera inducido por la inteligente astucia del leopardo y por la boca depravada del león. Los hombres no supieron advertir la trampa que la Bestia les había tendido y cayeron en su red. Haciéndose cómplices del Dragón, le dieron poder a la Bestia y primacía sobre la familia. La máquina los cautiva, es el ídolo de estos tiempos.
Los israelitas adoraron a un becerro de oro; pero aquel monstruo no hablaba ni vociferaba mal contra Dios ni contra los profetas y santos ni contra el Tabernáculo. Pero el ídolo que ha entrado en las casas de mis hijos es astuto como serpiente y tiene como misión especial la desintegración de las familias mediante el adulterio, el divorcio y la infidelidad. Propicia escandalosamente el vicio, corrompe la moral, destruye la inocencia y acaba con la fe. Humilla a los seguidores de Cristo, ridiculiza a la Iglesia y se mofa de Dios y de los santos. El Dragón le entregó el poder de seducir, y su trono y gran autoridad. Y admirada la tierra por las maravillas que hacia la Bestia, se fue tras ella, y adoraron al Dragón porque había dado poderío a la Bestia.
Y abrió su boca para lanzar blasfemias contra Dios, para blasfemar de su nombre y de su Tabernáculo y de los que tienen su morada en el cielo. Y le fue dado hacer la guerra contra los santos y vencerlos; y le fue dada potestad sobre toda tribu y pueblo y lengua y nación. Y le adoraron todos los que habitan sobre la tierra, cuyo nombre no está escrito, desde el principio del mundo, en el libro de la vida del Cordero degollado.
Si alguno tiene oídos, que oiga.
(TS 33.17)
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Tiempos Apocalípticos
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