Un cántico de amor y de esperanza hierve en mi ardiente pecho;a ti, Señor, mi espíritu lo lanzaen lágrimas deshecho.Á las flores el llanto de la aurorada vida en el estío;las lágrimas de amor que el hombre lloradel alma son rocío.¡Bendito tú, Señor, que tal mudanzadiste á la pena mía,tornando en dulces horas de esperanzamis horas de agonía!En éxtasis divino arrebatadocrece mi ardiente anhelocada vez que contemplo embelesadoese libro del cielo.Leyendo lo que en él tu mano ha escrito,hora paso tras hora;siento una sed ardiente de infinitoque el alma me devora!