Perlas son de tu manto las estrellas, tu corona los soles que al vacío prendió tu mano, y de tu imperio pío espada y cetro al par son las centellas.
Por el éter y el mar andas sin huellas, y cuando el huracán suelta bravío sus mil voces de un polo al otro frío, con tu voz inmortal sus labios sellas.
Do quiera estás; do quier llevan tu nombre mares, desiertos, bosques y palacios, cielos y abismo, el animal y el hombre;
Aunque estrechos la mente y los espacios, te llevan, oh Señor, sin contenerte, te adoran, oh Señor, sin conocerte.
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