Cúan apacible y descansada vida la del que en la soledad ha hecho asiento, y dejando del mundo el cumplimiento de Dios se acuerda y lo demás olvida!
¿A quién esta frescura no convida, aqueste murmurar del pensamiento, esta agua que apresura el movimiento, la música suave no aprendida?
Sigan otros el mundo lisonjero sin vivir para sí, siempre ocupados en aquello que menos les convenga.
Que quien para sí quiere sus cuidados dirá: la soledad para mí quiero, y todo lo demás allá se avenga.
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